Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén,
Por los corzos y por las ciervas del campo,
Que no despertéis ni hagáis velar al amor,
Hasta que quiera.

La Biblia dice: "No os unáis en yugo desigual", y mi problema fue saber dónde iba a encontrar una chiflada que sea lo suficientemente parecida como para que no se le parta el pescuezo con mi yugo. Es mejor esperar que andar mal acompañado y hasta pensé encontrar en otro país lo que andaba buscando, hasta que me di cuenta que a veces te quieren comprar con un plato de lentejas y guacamole. Soy bueno para comer y nadie entiende por qué soy tan delgado, y aprendí mucho sobre el amor sin que se entienda por qué soy soltero. Hay secretos que no conviene revelar, porque puedes llegar a perder tus fuerzas; aquello que te hace distinto y único en el mundo. Puedes andar por la vida matando filisteos, pero no te enamores de Julieta, Romeo, porque no sirve de nada terminar muertos los dos, sin haber vivido una auténtica historia de amor. Que los Capuleto con los Capuleto y yo contigo quiero estar, porque quiero que pienses que puedo hacerte feliz aunque sépase bien que eres la felicidad que anduve buscando. Yo sabía que el día que llegaras me olvidaría de mis ojos y hasta terminaría siendo bruto, sordomudo, torpe, traste y testarudo; así que preferí quedarme en la vereda de las primaveras hasta estar seguro de que hubieras llegado. No fue fácil esperar lo auténtico, porque lo virtual sabe disfrazarse demasiado bien de algo que no es. Hay dedos demasiado entumecidos como para que sientan al amor.
En las lecturas de Borges aprendí teología que la iglesia no supo enseñarme, y según la cultura de los hebreos, Rey de reyes, Señor de señores y Cantar de los cantares, sirve para designar lo superlativo, y yo ahora quiero que seas el Amor de los amores para demostrar con hechos por qué valía la pena la paciencia en el proceso. Y aunque me acusen de no haber sabido esperar, nadie será capaz de ponerse a tu altura, porque eres como yo había soñado que serías. Yo ya no quiero ver, porque es mejor cerrar mis ojos y pensarte, escucharte, sentirte y amarte.
Leí otra vez la historia de Jacob y me sorprendió entender que Dios tiene un gran sentido del humor, aunque mientras no me quite el velo de religiosidad con la que abordo Su historia, no seré capaz de entenderlo. Él también es ciego cuando se lo propone. Dios es romántico desde mucho antes que se funde la ciudad que serviría como inspiración para darle nombre a los poetas, escritores, pintores y músicos que decidieron hablar desde el corazón. Yo no sé si quieras ver, o si seremos como el ciego que guía a otro ciego por la vida, ya que así es como se ven los enamorados caminando de la mano en un día de primavera.
Nosotros quisimos espiritualizar tanto al amor que nos hemos olvidado de practicarlo. Todavía pensamos que vamos a cambiar al mundo diciéndoles a los demás que Jesús les ama, cuando me parece que Él espera que seamos los que salgamos a cumplir con la máxima ley. ¡Ciegos!
Habrá una pequeña muerte sin previo aviso, ni lamentos. No hay luto para el que tropieza con la misma piedra sin haber aprendido la lección. El amor no es para pusilánimes y tampoco alcanza con hacerse los románticos. Y la intimidad no tiene que estar en una vidriera porque nos malenseñaron las telenovelas lo que era hacer el amor, y hemos andado llorando por la vida buscando a nuestra media naranja. Si yo hubiera sabido que Dios sabe mejor que yo lo que hacer de mi vida, no hubiera andado mariconeando por los rincones de mi soledad, y si me hubieran dicho que existías, tampoco habría andado prometiendo amor eterno a mujeres que no saben lo que significa amar. El amor es ciego, sino preguntale a Sansón lo que se siente perder los ojos, la fuerza y la vida por el amor de una mujer. ¿Será que Dalila no supo perdonarle a Sansón que hayan habido otras historias previas? Sansón supo demostrar que por estar con ella estaba dispuesto a todo. Y a todo el mundo le gusta presumir a su amor en las redes sociales. A todos les gustará que yo te haya encontrado, pero no te esperé solo para conformar al resto. No pensé que estabas más cerca de lo sospechado, mientras yo deliraba con lejanas y distantes historias que nunca llegaron a ser nada más que un cuento virtual. Yo al menos lo creí, porque fui como un torpe niño que no sabía que lo más engañoso que llevamos a cuestas es nuestro ciego corazón, que perdió la capacidad de ver y que suele latir más fuerte de lo normal ante cualquier filistea que se nos cruza por la vida.
Me contaron hace unos días acerca de los inminentes confites en la vida de una joven que alguna vez se atravesó en mis pensamientos, debido a que cuando no llegó tu tren, todos los que pasan por la estación parecen llevarte al mismo destino. Me enteré que había yugo desigual en esta historia y me dio tristeza, pero entendí, por propia experiencia que no es fácil creer en lo mejor, ya que muchas veces lo canjeamos por lo bueno. Otro amigo me contó que la mujer de su vida no lo sigue en el Camino. El amor es ciego, baby!
Yo suspiré y lo hice porque me invaden los sentimientos que trato de ordenar en mis escritos; preferiría haberlo hecho por vos. También suelo, porque tu ausencia es como la venganza que esperé para tantos años de soledad.
La mayoría de los jóvenes que he conocido, se acuerdan del libro sublime del amor cuando se les atraviesa Eros. No es que no me haya pasado también, pero ahora, tengo una ensalada de influencias como para escribirte toda la vida cantares que parecerán inéditos; poemas que te sabrán a secretos que escondió el Gran Poeta en este pequeño corazón que se envolvió en un papel de regalo, con una tarjeta que tiene tu nombre. ¿Por qué no envuelves la noche sobre mí?
El domingo di un paseo infructuoso de kilómetros al compás del libro número 16 de la colección que tengo. Fue de los días más felices de mi vida y no se lo conté a nadie. No podía dejar de escuchar las canciones de Achtung Baby! y algunas otras de la misma banda que me hicieron florecer pensamientos que gritan llamando la atención, queriendo acomodarse entre mis poemas y ensayos. Y vale la pena citarlo como una de mis mayores influencias. Es que algo que no imaginaba, sucedió cuando ese domingo estaba en pañales. Hay cosas para las que todavía soy lerdo y no me di cuenta hasta hace minutos de lo que había oculto en su hipocresía. Pero si lo hubiera sabido antes, no habría sido mi excusa perfecta para entender otras cosas. No habrías sido mi excusa perfecta y no estaría ahora más convencido que antes de que estoy ciego y no me importa.
Estoy completamente despierto y no es fácil que se me escapen los detalles, aunque a algunos tardo en ubicarlos en el rompecabezas. Y me gustaría mucho que supieras todo lo que he estado pensando; te abrumaría. También el mismo domingo te escribí unos poemas que nadie conoce; los tendré escondidos entre mis tesoros.
Ahogar todos los secretos en un pozo profundo, sin que nadie sepa ni pueda contarlos; y quédate con el cambio porque no me importa el dinero.
¿Creerías que a partir de una canción pensé todo esto que escribí? Son ideas que tengo amontonadas en un placard y que suelen ebullir cuando vuelvo a escuchar la misma canción que hace 20 años, cuando todavía era un pichoncito soñando convertirme en estrella de rock. Lo postergué astutamente y en el proceso me volví escritor delirante y con el presente problema de no saber cómo cerrar el primer capítulo de esta historia. Es una idea peligrosa, nena, que casi tiene sentido...
¿Por qué no envuelves la noche sobre mí?
«Tu frente es la bandera de marfil que ondeará levemente, diciendo tu rendición y mi victoria» (Jorge Luis Borges)
©23/11/2011 MJP | San Carlos de Bariloche, Argentina